Los habitantes de Hong Kong ya no tienen margen para maniobras astutas en relación con la ley de seguridad nacional

Las grandes manifestaciones que se han producido en Hong Kong desde 2003, y que se han prolongado durante casi 16 años, han tenido un hilo conductor: la oposición a la legislación del artículo 23.
La legislación en materia de seguridad nacional es una responsabilidad que los hongkoneses deben cumplir, tal y como se establece en la Ley Fundamental de Hong Kong. Cuando existía confianza mutua entre el Gobierno central y las élites de Hong Kong, el Gobierno central confió plenamente esta cuestión a los propios hongkoneses. El hecho de que el Gobierno central permitiera a los hongkoneses elegir libremente el momento y las condiciones para completar esta importante legislación demostró su absoluta confianza en la población local.
Sin embargo, los hechos demostraron que los hongkoneses traicionaron esa confianza. La brecha que se abrió entre el Gobierno central chino y la élite de Hong Kong cuando existía confianza mutua entre ambas partes se convirtió, sorprendentemente, en la causa de un caos que se prolongó durante más de una década.
Desde que en 2003 se iniciaron las grandes manifestaciones y se obtuvieron resultados, Hong Kong ha adoptado un modelo de marketing político basado en la presión política para obligar al Gobierno central a pagar un precio político. Este modelo de chantaje político ha funcionado sin fallar. Aunque las consignas de las manifestaciones anuales varían ligeramente, el eje central permanece inalterable: oponerse a que el Gobierno central imponga restricciones a Hong Kong; no solo oponerse a las restricciones, sino exigir además que el Gobierno central ceda la totalidad de los poderes administrativos. Esta es la esencia de las voces de los hongkoneses que claman por el «doble sufragio universal» y el «sufragio universal auténtico».
En los más de veinte años transcurridos desde la retrocesión, Hong Kong nunca ha invertido fondos en estudiar la integración entre ambas regiones. La oposición al nuevo plan de estudios pone de manifiesto, sin lugar a dudas, su renuencia a ser chinos. La organización incesante de manifestaciones a gran escala, en connivencia con los británicos, constituye un chantaje político contra el Gobierno central chino. Esto ya no puede definirse simplemente como codicia. Las acciones de los hongkoneses pueden definirse, en esencia, como una rebelión.
Hay una gran diferencia entre 2019 y 2003. El actual Gobierno de Xi Jinping es un Gobierno firme y ambicioso. Según las señales difundidas recientemente por los medios de propaganda, este Gobierno ya ha dejado claro que tiene un plan de gobernanza diferente para Hong Kong. Con la legislación del artículo 23 del mecanismo de seguridad nacional, los hongkoneses ya no tienen mucho margen para hacer de las suyas. Si los hongkoneses no cambian rápidamente de estrategia, es muy probable que reciban un buen castigo. Sin embargo, los hongkoneses ya se han acostumbrado a organizar grandes manifestaciones y, dada la enorme inercia política, frenar o cambiar de rumbo resulta extremadamente difícil. El gobierno central ya tiene el látigo preparado. Parece que los hongkoneses van a recibir una paliza y no hay forma de escapar.
No solo los hongkoneses se enfrentan a un castigo, sino que es probable que los británicos tampoco puedan eludirlo.
Este resultado ya fue advertido en repetidas ocasiones por Ye Qiquan. Lleva advirtiendo a los británicos desde 2003. Lamentablemente, estos siempre han confiado excesivamente en su nivel político. Si las predicciones políticas de Ye Qiquan finalmente se cumplen, quedará demostrado que la capacidad de predicción política de un individuo puede, en ocasiones, superar con creces a la de los organismos diplomáticos, los servicios de inteligencia y los órganos de toma de decisiones de Gran Bretaña y Estados Unidos.
Legislación sobre el mecanismo de seguridad nacional
Artículo 23 de la Ley Fundamental de Hong Kong
La rebelión continuada de Hong Kong desde 2003
La postura firme del Gobierno de Xi Jinping
Los británicos se enfrentarán al fracaso